Acho, acho, nene, nene, nenico, que nervioso estoy pero ayer reviví uno desos momenticos únicos de la vida cuando haces algo que hacía 10 años que no hacías y es que me compré un conico de castañas asadas de esas que hacían las gitanas y los gitanos y me lo jamé camino de casa.
Acho, qué recuerdos de ir en invierno por las calles y que tu madre o la Geno comprara unas castañicas pa calentarse las manezuelas. Las gitanas tenían un puestecico así con el braserico ese y to lleno de sábanas y mantas, con el delantal de bolsillicos con to las perras allí metías pa el cambio y un montón de castañicas puestas al laico del brasero.
Hoy en dia… haberlas haylas, pero no es lo mismo que era, digo yo. Que antes esas cosas eran como con más confianza, y ahora uno no compra na que se venda en la calle.
Aunque eso si, el gustirrinin que te entra cada vez que pasas por delante de uno de esos puestecicos, con to el frio que hace por la noche, eso es impagable.
El caso es que volver a tener entre las manos un conico de castañazas asás así to calentico, con el friazo de anoche, con ese olorico a humo quemao castañeronavideño, y el gustirrinín de sacar las cáscaras de una tajá así, pa comerse la castaña calentica me dio vida, aunque me costó lo suyo, acho.
Digo que me costó porque el gitanufo, que ya no son gitanas medio hadas que te sonríen y te dicen piropos como antes, sino gitanufos con los ojos pequeños, medio que no sabes si son rumanos o húngaros más que de argún pueblo de por ahí, con to el canguelo que eso da aún, con las manos mas negras que er carbón y con un gorro lleno de agujeros… casi que más menos me atracó a navaja abierta.
Cuando el tio me prepara el conico y estira su brazo con el lote humeante para ofrecérmelo, yo ya babeaba de nostalgia, con mi monedica de dos eurines preparaica. Entonces coge el tío y más ancho que largo me espeta en argun idioma raro.
- Son sinco eiro, sinco eiro. Sinco eiro, castaña rica, rica, muso frio muso muso…
- ¿Cómo?
- Sinco eiro, sinco.
Lo que vienen siendo mis ojos se abrieron todo lo que dan de sí. Atónito, el griterío del gentio acudiendo al corteinglés se silenció y allí mismo, detrás del rumano, saliendo desde el mismo suelo se generó una enorme cuesta empinadísima de color negro entre brumas cual volcán de película en la que no se veía el fin.
Volví en mí cuando tras el rumano, que movía su boca repitiendo eso de sincoeiromusofrio, vi un letrero de autopista señalando a la cumbre en el que se leía: 19 de Enero: Constitucional, 27 Historia.
Sudé, cerré los ojos, respiré hondo, y entró en mi cuerpo el suave y caliente humico castañero que desprendía ese cono frente a mi nariz. Saqué la cartera y estrujé los 5 marianos como un hijo de la gran puta.
La verdad, no sé por que me puse a pensar en exámenes, será porque la universidad afecta a la cabeza o algo y ahí de repente, me entró canguelo, porque si no, no me lo explico acho. Unos hubieran pensado en la cuesta económica y en su primo solbes, pero acho, yo no, yo, en leyes y enquedudascaben.
Eso si, las castañas, como si fuera un ángel celestial. Disfruté y recordé grandes momentos, cuando aún iba de la mano de mami o de la Geno, por la calle, y ella me daba una castañica caliente ya peladica y to.
Recuerdos como ese hacen desaparecer todas las cuestas empinadas de exámenes del mundo, porque la nostalgia, como bien sabéis los que me conoceis, no tiene precio. ¿Te gustan las castañas?